martes, 1 de septiembre de 2009

7- Un año azul - LA CASA MISTERIOSA




A media noche sus ojos se abrían a nuestra realidad. Ella jadeaba, había caminado por los tortuosos y borrascosos caminos de las pesadillas más oscuras de su ser. Aunque su piel estaba sudosa se tapaba con el edredón como si aquellas imágenes que había visto en sueños le había dejado helada. Me miraba fijamente y entonces cerraba los ojos para volver a dormir. Acariciaba su cabellera negra hasta que también me zambullía en mis sueños.
Por la mañana mientras desayunábamos en la cocina, me explicaba sus sueños. Con voz grave los relataba, con precisión casi científica.
Eran siempre los mismos escenarios, los mismos personajes y situaciones donde ella se perdía en la casa materna amueblada con estilo sobrio y dictatorial. Armarios, mesas y sillas de madera que habían sido adquiridos después de la guerra. Adornados desordenadamente con jarrones de colores neutros, figuras religiosas, copas de cristal y lo que más destacaba eran roedores y pájaros de bosques perfectamente taxidermizados mirando de forma inerte a la dueña de los sueños. Llorando por no haber encontrado alguna mirada humana y cálida se sentaba como una niña en el suelo y de repente los insectos momificados de los cuadros la atacaban hasta que sus ojos se abrían en medio de la noche con la respiración entrecortada.

1 comentario:

David dijo...

Muy bien, Iago!!! Me gusta la dirección que está tomando esto...