miércoles, 30 de septiembre de 2009

14- Un año azul - WEINMEISTERSTRASSE



Deseaba ardientemente besar a otra mujer. Quería que mis dedos acariciasen y dibujasen los contornos de otros labios carnosos que no fuesen los mismos de todos los días. Soñaba en saborear la boca de alguna extraña, conocida o amiga. Anhelaba con todas las fuerzas ver otra expresión entre las sabanas, otra risa después de hacer el amor, otros ojos que vieran el mundo diferente. En definitiva quería un aire fresco al asfixiante y neblinoso mundo que me rodeaba en aquel piso matrimonial que siempre me esperaba como un nicho al este de Berlín.
La confusión comenzó a invadir todo mi cuerpo cuando empecé a plantearme todas esas cuestiones. Mi cabeza giraba a surgir las fantasías amorosas con otras mujeres como si fueran hongos cuando nacen en otoño en la madera negra y quemada. Surgieron dudas punzantes que iban sangrando poco a poco mi corazón ya que me planteaba si lo que pensaba era correcto o no.
Cada sábado por la tarde cuando tomábamos chai en la cafetería Lucia en Oranienstrasse con Veronika, nuestra vecina. Su voz y sus ojos me embriagaban volviéndome loco de deseos de poseerla en ese mismo instante.
Fue un viernes que la llamé para que me acompañara a hacer unas gestiones en la zona de Potsdamerplatz, una excusa para verla otra vez y escapar, sobre todo escapar de la cárcel de la convivencia con mi compañera. Viajando en aquellos vagones amarillos comencé a observar a aquella chica de rasgos orientales que leía una versión alemana de Rayuela. Su pelo negro lánguidamente caía en cascada por su vestido rojo lo cual sentí un ligero escalofrío en mis venas. Las paradas pasaban sin darme cuenta entrando gente y saliendo, mi mirada estaba centrada en aquel rostro femenino. Hasta que sus ojos se cruzaron con los míos y como un disparo quemó mi mirada. Salí exaltado a la estación Weinmeisterstrasse, aquella chicha también. En ese momento comenzó otra vida, una vida paralela. La cita con Veronika, nunca llegó.

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