miércoles, 30 de septiembre de 2009

15- Un año azul - OTRO HOMBRE




En los minutos en que mi cuerpo llegaba a rajarse de placer mientras él continuaba con los movimientos espásmicos dentro de mi interior, me perdía entre el follaje de nuestros jadeos. Lo miraba fijamente, su rostro y facciones desaparecían o mejor dicho se perdían entre el sudor y las lágrimas. Y era otro que aparecía encima mío haciéndome el amor. Era otro hombre que me hacía doblegar entre sus enormes manos y otro hombre el que me besaba. Otra cara brutalmente sensual explotaba en mi retina susurrando continuamente mi nombre y confundiéndome entre las sombras de la habitación. Era ese hombre imaginario salido de mi oscuro interior el que me daba placer a mis sentidos y que me emborrachaba.
Cuando los movimientos paraban en una seca ejecución de muerte por parte de mi compañero, la magia desaparecía y aquel rostro masculino que tanto anhelaba se difuminaba surgiendo la vulgar cara de cada día. Me levantaba empapada de sudor dejándolo durmiendo con sus sueños ordinarios y comunes y me iba al cuarto de baño. Las gotas frías que salían de la ducha me limpiaba la mancha blanca que siempre me dejaba sin imaginación, con crudeza convencional en mi pelo púvico.
El vaho formaba una ligera neblina en el baño empañando el espejo. Mi mano arrugada lo limpiaba y era entonces que veía su rostro desnudo de aquel hombre que en mi imaginación me había hecho el amor.

14- Un año azul - WEINMEISTERSTRASSE



Deseaba ardientemente besar a otra mujer. Quería que mis dedos acariciasen y dibujasen los contornos de otros labios carnosos que no fuesen los mismos de todos los días. Soñaba en saborear la boca de alguna extraña, conocida o amiga. Anhelaba con todas las fuerzas ver otra expresión entre las sabanas, otra risa después de hacer el amor, otros ojos que vieran el mundo diferente. En definitiva quería un aire fresco al asfixiante y neblinoso mundo que me rodeaba en aquel piso matrimonial que siempre me esperaba como un nicho al este de Berlín.
La confusión comenzó a invadir todo mi cuerpo cuando empecé a plantearme todas esas cuestiones. Mi cabeza giraba a surgir las fantasías amorosas con otras mujeres como si fueran hongos cuando nacen en otoño en la madera negra y quemada. Surgieron dudas punzantes que iban sangrando poco a poco mi corazón ya que me planteaba si lo que pensaba era correcto o no.
Cada sábado por la tarde cuando tomábamos chai en la cafetería Lucia en Oranienstrasse con Veronika, nuestra vecina. Su voz y sus ojos me embriagaban volviéndome loco de deseos de poseerla en ese mismo instante.
Fue un viernes que la llamé para que me acompañara a hacer unas gestiones en la zona de Potsdamerplatz, una excusa para verla otra vez y escapar, sobre todo escapar de la cárcel de la convivencia con mi compañera. Viajando en aquellos vagones amarillos comencé a observar a aquella chica de rasgos orientales que leía una versión alemana de Rayuela. Su pelo negro lánguidamente caía en cascada por su vestido rojo lo cual sentí un ligero escalofrío en mis venas. Las paradas pasaban sin darme cuenta entrando gente y saliendo, mi mirada estaba centrada en aquel rostro femenino. Hasta que sus ojos se cruzaron con los míos y como un disparo quemó mi mirada. Salí exaltado a la estación Weinmeisterstrasse, aquella chicha también. En ese momento comenzó otra vida, una vida paralela. La cita con Veronika, nunca llegó.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

13- Un año azul - VIDAS AJENAS

"La mujer de al lado" de Truffaut.

Siempre me miraba fijamente, algunas veces con odio como si tuviese ganas de estrangularme con sus manos y otras con impotencia como si yo fuera un complejo juego matemático.
Yo también lo miraba o más bien lo observaba, su físico menos grácil y más mórbido que al principio de nuestra relación, sus repetidos gestos y las pequeñas coreas que al principio eran graciosas pero después se volvieron en repulsivas coreografías físicas.
El cansancio de estar frente a él, de su presencia me ponía nerviosa y al final me daba asco vivir bajo el mismo techo pesado.
Todo el amor desapareció y no quedó odio en mi interior sino angustia, hastío y aburrimiento cuando pasaba las horas con él en aquel pequeño apartamento de Berlín a las orillas de río Spree.
No había conversación alguna ¿Para qué? ¿Qué nos íbamos a decir? Si ya nos habíamos dicho todo, sólo quedaba el silencio desértico entre nuestros corazones helados.
Nos pasábamos las noches enteras delante de la televisión viendo vidas ajenas para no ver nuestra negra y desastrosa vida.

martes, 22 de septiembre de 2009

12- Un año azul - MIS LÁGRIMAS SOBRE TU IMAGEN




El día que me dijo adiós, el día que ella se fue y cerró la puerta y enigmáticamente desapreció de nuestras vidas, mi percepción de todo cambió, el mundo se transformó. En mi retina un velo obscuro envolvió su rostro de quien fue mi compañera sentimental. Sólo ví negritud en mis recuerdos y odio. El odio se escanció por mi corazón y mi mente. Comencé a maldecirla y sobretodo me invadió un sentimiento de rabia por las horas, tiempo, silencios y libertad perdidos con ella.
La llamé de forma constante día y noche y su voz quebrada pero al mismo tiempo dulce te ofrecía dejarle un mensaje en su buzón de voz. Le exigía explicaciones por su abandono silencioso, le rogaba entre lágrimas de desespero que volviese a mi lado, le amenacé de matarla y vejarla delante de todos por el daño que me estaba produciendo.
Gritaba solo.
Lloraba.
El insomnio me invadió en las noches nevadas de una ciudad que ya no tenía sentido sin los proyectos de pareja.
Nunca hubo respuesta a mis mensajes dejados en su móvil.
Al final las tijeras hacía de guillotina en su cabeza en todas las fotos que encontré en los marcos y cajones. En el ordenador comencé a borrar aquellas fotos que estábamos los dos abrazados, besándonos, felices antes que viniera la estación del infierno. Mi dedo con ira y con fuerza apretaba la tecla de anular las imágenes almacenadas en el móvil. Quería destruirla por completo de mi ser.
Bajé deprisa al escampado que había al lado del bloque. Rocié con gasolina la única prenda que se había dejado en casa, un vestido amarillo de segunda mano. Las llamas ardían y mis lágrimas no podían sofocarlas.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

11- Un año azul - OTRO MUNDO



Los fines de semana por la mañana nos quedábamos en la cama escuchando canciones de Antony and the Johnsons. La voz del cantante era quebradiza de melancólicas historias que nos transportaban otra vez a nuestros sueños recientes. Me levantaba y hacía té negro para despertarnos totalmente. Ella se acurrucaba entre la almohada y el edredón blanco y miraba a un punto fijo, al vacío como un animal encerrado en una habitación gris y fría. Pequeñas gotas surgían de sus ojos acumulándose en ellos y al final difuminándolos. Esto siempre pasaba cuando escuchaba la canción “Another world”
- Me gustaría irme de Berlín. Vivir otra vez en Barcelona, pasear por la playa, sentir el calor. – Decía con voz opaca.
Lo que pedía a voces era vivir en otro mundo donde no se asfixiase, donde fuera libre de su infierno interno.

10- Un año azul - PIEDRAS





Malhumorada me di cuenta de que lo importante no era estar allá donde todos están y donde todos querrían estar o donde ellos quieren que estés sino donde tú quieres estar. ¿ Dónde hay felicidad? ¿Pero hay felicidad donde hay tanta piedra? Me torturaba pensando donde podía encontrar la felicidad o un instante de la felicidad. Hacía tiempo que sabía que no era el triunfo como antaño pensaba. Hasta que asustada me di cuenta de que la felicidad es un recuerdo vago de un momento dulce de tu vida. Así que me levanté despacio al descubrir la gran verdad o la gran desgracia del hombre y llorando hice mi maleta para no volver jamás. Para adentrarme en los placeres carnales ya que éstos se disfrutan en el mismo momento y no hace falta contemplar con benevolencia dichos recuerdos.

martes, 8 de septiembre de 2009

- Un año azul - VOLAR SOBRE BARCELONA

9- Un año azul - VOLAR SOBRE BERLÍN



Me sentía por dentro rota.
Mis sueños ya no se iban a cumplir ni a realizarse.
Era demasiado mayor para volar, para ser un pájaro, planear por los cielos grises de Berlín o los cielos turquesas de Barcelona.
En cualquier ciudad me sentía como una extraña y en mi mente una extranjera. Dejé de hablar, de soñar y de escribir. Y me encerré en mis pensamientos más oscuros , extraños y laberínticos para evadirme del fracaso de no poder volar.

8- Un año azul - OBERBAUMBRUKE



Nos soportábamos ya que sabíamos que estar juntos era evitar la soledad. Aunque cuando estábamos en casa uno intentaba crear su propio espacio vital y rehuíamos el contacto dialéctico, visual y físico del otro.
Alrededor de las cinco de la tarde daba un golpazo a la puerta del apartamento y salía corriendo hasta llegar al puente rojo con trenes de vagones amarillos pasando por encima; Oberbaumbrüke.
Tanta soledad sin hablar con nadie sólo con sus libros, con sus pensamientos y voces interiores. Tanta soledad era una náufraga dentro de una ciudad de millones de personas.

martes, 1 de septiembre de 2009

7- Un año azul - LA CASA MISTERIOSA




A media noche sus ojos se abrían a nuestra realidad. Ella jadeaba, había caminado por los tortuosos y borrascosos caminos de las pesadillas más oscuras de su ser. Aunque su piel estaba sudosa se tapaba con el edredón como si aquellas imágenes que había visto en sueños le había dejado helada. Me miraba fijamente y entonces cerraba los ojos para volver a dormir. Acariciaba su cabellera negra hasta que también me zambullía en mis sueños.
Por la mañana mientras desayunábamos en la cocina, me explicaba sus sueños. Con voz grave los relataba, con precisión casi científica.
Eran siempre los mismos escenarios, los mismos personajes y situaciones donde ella se perdía en la casa materna amueblada con estilo sobrio y dictatorial. Armarios, mesas y sillas de madera que habían sido adquiridos después de la guerra. Adornados desordenadamente con jarrones de colores neutros, figuras religiosas, copas de cristal y lo que más destacaba eran roedores y pájaros de bosques perfectamente taxidermizados mirando de forma inerte a la dueña de los sueños. Llorando por no haber encontrado alguna mirada humana y cálida se sentaba como una niña en el suelo y de repente los insectos momificados de los cuadros la atacaban hasta que sus ojos se abrían en medio de la noche con la respiración entrecortada.