Cada día iba al trabajo. Administrativo en una empresa de telecomunicaciones, pasando ocho horas aburridas ante un ordenador blanco de pantalla luminosa. Al llegar a casa ya tarde cenaba un bocadillo de queso prefabricado y veía la televisión con mi gato. Después me sentaba en el balcón y estaba unos minutos mirando el mar, el cielo y como las tonalidades amarillas del sol de desvanecían por las montañas. Cuando estaba ya cansado cerraba la persiana y me iba a la cama esperando otro día de oficinista apático.
Aquel día estaba eufórico, había quedado el fín de semana con Poline para ir a al playa. Iba en el metro mirando la luces de las paradas y del túnel como si fueran estrellas fugaces concordes con mi felicidad. Comí, ví la televisión y después me quedé parado ante el azul fluorescente que abarcaba toda la ciudad. Sonreía por aquellos minutos de gloria y belleza que presenciaba mis ojos. Cerré la persiana, los ojos y esperé al día siguiente para ir con Poline por la playa, acariciarla y besarla.
Abrí el balcón por la mañana y mi gran sorpresa fue que el paisaje visto cada día se había convertido en una mole de rascacielos que como un muro tapaba las vistas a la playa, a la tierra y el cielo. Los grandes edificios grises formaban una gran sombra en toda mi casa e inmediatamente cerré el balcón.
Presencié un vacío enorme en mi interior de hombre de vida moderna.
Aquel día estaba eufórico, había quedado el fín de semana con Poline para ir a al playa. Iba en el metro mirando la luces de las paradas y del túnel como si fueran estrellas fugaces concordes con mi felicidad. Comí, ví la televisión y después me quedé parado ante el azul fluorescente que abarcaba toda la ciudad. Sonreía por aquellos minutos de gloria y belleza que presenciaba mis ojos. Cerré la persiana, los ojos y esperé al día siguiente para ir con Poline por la playa, acariciarla y besarla.
Abrí el balcón por la mañana y mi gran sorpresa fue que el paisaje visto cada día se había convertido en una mole de rascacielos que como un muro tapaba las vistas a la playa, a la tierra y el cielo. Los grandes edificios grises formaban una gran sombra en toda mi casa e inmediatamente cerré el balcón.
Presencié un vacío enorme en mi interior de hombre de vida moderna.
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