lunes, 2 de noviembre de 2009

17- Un año azul - CRISANTEMO HELADO


Hacía cuatro meses que estábamos en Berlín viviendo, para celebrarlo le compré un ramo de crisantemos blancos para animarla. La veía reservada más de lo normal e incomoda como si la decisión de marcharnos a Berlín hubiese sido un gravísimo error. Quería remediarlo, intuía que se sentía sola además de no acostumbrarse a un clima tan opuesto al de Barcelona.
Era el primer día de la temporada invernal que nevaba, los copos volaban etéreamente por la ciudad gris. Me sentía alegre paseando entre aquella maraña blanca que poco a poco se depositaba en el mobiliario urbano o en las pequeñas botellas de alcohol que había en cualquier parte. No había nadie por las calles y los que habían se paraban en alguna parada de pequeñas cafeterías bajo los puentes de los raíles del metro para tomar un café aguado bien caliente.
Subí por las escaleras silbando alguna canción banal, cuando entré al apartamento la ví sentada delante del ordenador, iluminada por un halo blanco que venía de la pantalla vacía, sin ningún contenido, sin ningún texto. Como de costumbre la besé en el cuello, no recibí ninguna respuesta.
Miró las flores de una forma pesada, torpe pero al mismo tiempo cortante y distante. Hubo un silencio angustioso y puntualizó:
- En el Japón los crisantemos es símbolo de vida, en España es todo lo contrario.
Giró su mirada a la ventana, de odio laberíntico hacia ella, hacia mi y hacia la ciudad, donde el cielo se desplomaba.

1 comentario:

Montse dijo...

Hola IAGO,tenía que estrenarme en tu blog.El relato es precioso. Un beso.